ESPACIOS PARA LA REFLEXIÓN

En La Cornisa se considera necesario mantener una dinámica de autoformación grupal que implique al movimiento ciudadano en un ejercicio de reflexión crítica, al mismo tiempo que proporciona un método para el seguimiento y evaluación continua de los proyectos del Centro.

Por eso se plantea la necesidad de abrir espacios más o menos estables para analizar y debatir en torno a la acción colectiva y elaborar nuevas propuestas y estrategias.

Este espacio va a ser muy importante porque estamos creciendo, y no sólo fuera del recinto del centro, sino en nuestra pequeña red de colectivos y recursos, y es importante generar mecanismos ágiles de coordinación interna para no perder información y llevar a cabo una gestión más eficaz de nuestros medios materiales, humanos y potenciales.

Así mismo, al estar vinculados con otras entidades ciudadanas en varias coordinadoras y redes (a través de las que hemos podido acceder a nuevos recursos), nos parece positivo estrechar los lazos de cooperación desde la autonomía e identidad propias. De lo contrario corremos el peligro de quedar autoaislados, unos proyectos de otros en el propio Centro y del resto de iniciativas y entidades que trabajan en el entorno.

Se pone pues de manifiesto la importancia y la necesidad de la Evaluación Sistemática (permanente y continua) de nuestro funcionamiento y organización interna, en paralelo con la apertura hacia otros subsistemas sociales.

Además de detectar y diagnosticar los problemas más urgentes e inmediatos que se refieren al conjunto del Proyecto Cornisa (funcionamiento interno, gestión y coordinación interna y con otras entidades sociales), lo verdaderamente importante de este espacio de análisis es que hace posible la reflexión crítica en torno a otros temas más importantes que, debido a su complejidad, necesitan una actuación más integral. Por ejemplo, la formación de los adolescentes y jóvenes del barrio que no están escolarizados (absentismo y fracaso escolar) supone un fuerte y grave impacto en otros aspectos y ámbitos de convivencia en el barrio (familia, trabajo), supone una alteración de las pautas de socialización, ocio y consumo (gran disponibilidad de tiempo libre pero escasas oportunidades de rentabilizarlo) y puede derivar en problemas de adaptación al entorno (violencia, delincuencia y otras conductas desviadas) que agravan el problema inicial y plantean de manera urgente, y muchas veces irreflexiva, la necesidad de buscar alternativas (de formación, prevención en el tiempo libre, empleo, adquisición de vivienda, etc.).

Todos estos factores y elementos de análisis se relacionan y repercuten en definitiva en la calidad de vida en el entorno urbano y en sus posibilidades de desarrollo (impiden o facilitan la convivencia e integración social del barrio en el conjunto de la ciudad).

La participación de la población del barrio es otro tema central de debate. La mayoría de los vecinos acude a los centros cívicos para recibir servicios, como usuarios pasivos. El centro Sociocultural "Mariano Muñoz" pretende que ser otra cosa: un espacio público y abierto, que los vecinos y las vecinas tienen que hacer suyo proponiendo y desarrollando en él sus propias iniciativas.

Pero la participación activa requiere información, formación de hábitos, y, sobre todo, tiempo y espacios para poder ejercitarla. Es un proceso de aprendizaje colectivo y no podemos pretender que se lleve a cabo de hoy para mañana.

Los técnicos tenemos que ser capaces de conectar con las necesidades y los deseos de la gente, articularlos y canalizarlas en forma de demanda explícita. Una estrategia para mejorar la comunicación con la población del barrio es trabajar con los monitores y voluntarios del Centro (maestros de la escuela de adultos, talleres, cursos, servicios de información y apoyo) que están en contacto con los vecinos del barrio a diario o semanalmente. A través de ellos se propicia el encuentro y la participación (primero como receptores) en un espacio formativo o lúdico y, a partir de ahí, se recogen otras necesidades y propuestas y se anima una reflexión colectiva que conduzca a la toma de conciencia y adopción de una postura crítica respecto a la realidad y, finalmente, a una acción transformadora (cambio cultural).

Otras propuestas concretas a las que da lugar el proceso de autorreflexión se refieren a facilitar el uso y disfrute del Centro a otros colectivos (asociaciones formales, grupos informales que están empezando a organizarse, peñas, etc.), o bien porque son gente del barrio o de la zona y tienen derecho a disponer del espacio público, o bien porque sus actividades revierten en beneficio de todos los vecinos.

Ello no va a impedir que se cedan los espacios de forma puntual a otras entidades ciudadanas que deseen desarrollar en él iniciativas tales como jornadas, festivales, exposiciones, actos reivindicativos, etc.