El barrio de Cornisa de Orcasitas (Pradolongo) está situado en el extremo sureste del distrito madrileño de Usera, a lo largo de una cornisa que marca su límite con el parque de Pradolongo. Su reciente configuración (1982) es fruto del vasto Programa de Remodelación de Barrios surgido en la periferia de la capital al hilo de la transición política y protagonizado por un Movimiento Vecinal muy activo y sincronizado a lo largo de casi dos décadas (los 70 y los 80).

La promoción pública de Cornisa no se limitó a la mera transformación física y medioambiental de un barrio preexistente: fue una remodelación "escoba", consensuada por el asociacionismo de la zona sur, que concentró en un mismo territorio restos de población dispersa procedentes de hasta cinco poblados muy distintos entre sí, no sólo en el plano geográfico, sino también en el económico, social y étnico-cultural (Torregrosa, Almendrales, Rafaela Ybarra, San Cristobal de los Angeles y Carabanchel).

Debido a esta particular característica del proceso remodelador y de realojo nos encontramos ante un barrio de dificil soldadura interna, ya que su población se ha visto agregada desde arriba, desde un proyecto vertical de la Administración y/o de las Asociaciones de Vecinos que sólo muy lentamente ha sido asumido y vivido desde la horizontalidad de la vida cotidiana.

Por otro lado, el paso de las chabolas a los pisos en plena crisis económica marca el inicio de un proceso ambiguo. Se consigue una indudable mejora de vivienda, equipamientos y servicios y un incremento espectacular del nivel medio de gasto y consumo, pero también se da paso a una dualización creciente en el nuevo barrio: mientras un sector mayoritario de su población consigue la conexión productiva con el entorno del distrito y de la ciudad, otros colectivos estratégicos (familias numerosas, mujeres solas con hijos, jóvenes, ancianos jubilados, desempleados de la construcción, minorías étnicas) se enfrentan a un empeoramiento de su situación y a la urgencia de buscar medios alternativos y/o no ortodoxos para satisfacer sus nuevas necesidades.

Esta polarización social origina conflictos económicos con la Administración Local (multas de luz o de gas, recargo en los impuestos municipales) y problemas de convivencia en las comunidades básicas de escalera (cuando el vecino que no paga provoca el corte del suministro al resto). Las posturas extremistas predominantes entonces en la Asociación de Vecinos defienden que nadie pague, como respuesta y denuncia del sistema, de modo que el barrio bloquea cualquier posibilidad de comunicación y negociación con la ciudad y sus instituciones y se sumerge aún más en una espiral de deterioro material, social y ambiental que afectará, no sólo a los sectores con menos posibilidades de promoción, sino a la población del barrio en su conjunto.

La droga aparece en este contexto como indicador visible y dramáticamente vivenciado de la degradación de la vida en Cornisa, tanto por el número importante de jóvenes enganchados a su consumo como por los fenómenos asociados de tráfico y venta ilegal (que aparecen vinculados a la minoría étnica gitana). Otro signo de guetización del barrio, éste en cambio menos conocido es la compra-venta ilegal de pisos y locales comerciales, que en 1992 (10 años después del realojo) superaba ya la cifra de 200.

La imagen proyectada por la A.V.V., dedicada en exclusiva al problema de la vivienda, con trampas en su propio contador de agua y luz, dada de baja y multada por el Ayuntamiento, rotos los contactos con las instituciones y organizaciones vecinales de la zona, no es sino el reflejo del aislamiento y la marginación del propio barrio a finales de los 80 y principios de los 90 (chabolismo vertical).

Con el fin de superar este oscuro periodo de crisis, un grupo de vecinos del barrio comienza a reafirmar su tradición asociativa y a desarrollar, como nueva directiva, acciones concretas que den respuesta a los nuevos problemas de exclusión surgidos en los últimos años. Así, por poner un par de ejemplos, se resuelve finalmente el problema del deterioro y ruina de gran parte de los nuevos edificios (sentencia judicial favorable a los vecinos y condenatoria para el Instituo de la Vivienda de Madrid), y se pone en marcha una empresa mixta de jóvenes del barrio para acometer el cerramiento de muros y accesos a los garajes y la urbanización de la plaza del Pilón como punto de encuentro y espacio para las fiestas.

En 1985, ante la aparición simultánea de varias muertes de jóvenes del barrio por sobredosis, inicia su actividad el Grupo de Apoyo y Seguimiento "Kornisa-Usera", que será el eje central de todas las iniciativas socioculturales y de formación de la Asociación de Vecinos "Cornisa" (en adelante A.VV.). Desde entonces, su labor en relación con el problema de la droga y por la promoción cultural del barrio (toxicómanos, minoría gitana, adolescentes y jóvenes sin escolarizar, mujeres) ha conseguido atraer a más de 50 voluntarios, del propio barrio y del exterior, que colaboran en las diferentes áreas de trabajo social que la realidad cambiante del barrio ha ido demandando.

También en los últimos años, a pesar de la dificil vertebración interna del conjunto del barrio, las comunidades de escalera se han constituido en verdaderas redes informales de comunicación y ayuda mutua, pues muchas de ellas se formaron en los barrios de origen, antes del traslado y por elección voluntaria de los vecinos. Este espacio de encuentro e intercambio de información, al igual que otros acontecimientos cotidianos o festivos de Cornisa (Navidad, Reyes, Carnavales, fiestas del barrio, etc.) se valoran positivamente desde la Asociación a la hora de impulsar la solidaridad, la participación y la calidad de vida en el barrio.

A partir del año 1993, la A.V.V. de Cornisa, junto a otras organizaciones de la periferia sur y este de Madrid, se embarca en un nuevo y ambicioso proyecto: la gestión y dinamización un nuevo equipamiento en el barrio, el Centro Sociocultural "Mariano Muñoz". Como paso previo, la Asociación se plantea la necesidad de llevar a cabo un Análisis de la Realidad en el entorno, pues al haber transcurrido ya cierto tiempo desde el realojo, es necesario renovar el contacto con los vecinos y vecinas y tomar el pulso a sus nuevas necesidades y demandas.

Así, entre 1993 y 1994 se lleva a cabo en Cornisa una primera experiencia de Investigación-Acción Participativa (I.-A.P.) en colaboración con la Facultad de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid. A lo largo de 9 meses, un equipo mixto de vecinos y sociólogos lleva acabo un proceso de análisis y autodiagnóstico, a partir del cual se elabora y negocia con la población un conjunto de propuestas para animar la participación en el barrio y en el nuevo edificio (Proyecto Integral "Cornisa Verde").

A partir de su inauguración y apertura en agosto de 1994, en este nuevo espacio se irán desarrollando diversos proyectos e iniciativas, con diferente alcance y resultados cada uno de ellos. El Movimiento Ciudadano en el Barrio de Cornisa inicia entonces una etapa de crecimiento, extensión y diversificación, muy dinámica y estimulante, pero no exenta de dificultades (enfrentamiento y luchas de poder entre antiguos y nuevos miembros de la A.VV., conflictos derivados de la distribución y uso de espacios, discrepancias entre las distintas entidades y colectivos que participan en la gestión del centro, distintas concepciones del asociacionismo, el voluntariado y la participación, etc.).

En paralelo con la acción colectiva en el Centro Sociocultural, tiene lugar en 1995-1996 un nuevo proceso de Investigación-Acción Participativa, esta vez con la colaboración activa de un grupo de adolescentes y jóvenes del barrio (conviene recordar que en la primera experiencia de IAP los participantes eran mujeres y hombres en edad adulta, conscientes de su implicación y preocupados por las condiciones y la calidad de vida de sus vecinos). Este nuevo proceso de autoformación grupal y reflexión colectiva aborda los problemas de inserción sociolaboral de este sector de población de Cornisa y da lugar a la puesta en marcha y consolidación de diversas iniciativas de prevención, formación e información orientadas a las necesidades detectadas.